El vacío es un lugar normal.
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Micaela, 20, Argentina.

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10 - 6 - 14

Siempre empiezo igual.
Siempre termino igual.
Pero al mismo tiempo nada es igual, cada vez las palabras penetran menos en mi.
Cada vez la tranquilidad se apodera mas rápido de mi.
Ya no lloro, ya no siento lo mismo.
Ya me acostumbré a la idea, probablemente.
A la mentira.
O tal vez es solo mi mente.
Te pienso menos.
Pero seguis ahí, atras mio.
Todavía quiero ser vos, y matarte.
Matarme.
Quiero morir, y que vos también lo hagas.
No se porque me preocupo tanto.
No sabes que existo. O ignoras mi existencia.
Se que en el fondo somos muy parecidos.
Tal vez alguna noche te desvelaste pensando en mi. Como a mi me pasa seguido.
Qué es lo que tenes?
Qué es lo que haces?
Quiero saberlo todo, pero al mismo tiempo no quiero saber nada de vos.
Te desprecio.
Te admiro.
Te odio.

Tengo 28 problemas. Y vos sos el primero.
Quiero simplificarte, entender que sólo sos una persona mas en el mundo. Ordinaria. Aunque se que odias la idea.
Encuentro momentos de claridad, sin buscarlos.
Pero la mayoría de las veces me ahogo en la oscuridad de lo desconocido, y no lo entiendo. No lo entiendo.

Si entiendo que ya no vivis esa vida, una vida muy parecida a la mia en este momento. Entiendo que moriste, y no renaciste, como lo hacias esporadicamente. ¿Pero qué pasaria si volvieras a hacerlo?
¿Qué seria de mi? ¿Qué pasaria con mi fortuna, la que no estoy segura de tener?
Tal vez me adelanto demasiado.
Tal vez no encuentro las palabras para explicarte lo que me pasa.
Como si te importara…

Mi chance para detener esto paso en el colectivo burlándose de mis ideas, y yo la vi desde la ventana.
Ahora me encuentro en una eterna carrera, sin ganas de seguir corriendo, sabiendo que yo soy la que pierde.
Y de repente
esa claridad se convierte en neblina,
esa tranquilidad se escapa de mis manos como si tratara de detener mis lagrimas con los dedos. Esas lagrimas que estaba segura que no volverían.
Los sentimientos que creía olvidados se presentan fuera de mi casa, golpeando con brusquedad la puerta. Y todo ruge dentro mio, me pide a gritos que corte mi piel para poder escapar de esto que amenaza volver. Y lo hace.
Llega como un tornado, destruyendo todo a su paso. Me vacía y me dificulta el movimiento.
Tropiezo, y no quiero levantarme, no quiero seguir saltanto los estúpidos obstaculos de esta maldita carrera.

Con la fuerza que me queda intento no obedecer a mi cuerpo, intento no escucharlo. Y cuando se que no quedan mas fuerzas la calma despues de la tormenta aparece.
Su tranquilidad me llena de seguridad. Esa tranquilidad que solías tener, y que perdiste.
Pero que de alguna manera la encontraste en otro umbral. No tan lejano del mio.
No tal lejano del suyo.

Y aunque sigo estando insegura por la cercanía.
Pienso que ya nada es como antes, y sin peso sobre los hombros puedo levantarme y ver con claridad el fin de lo que creía infinito.
Y veo otro infinito, pero al que aspiro ir, lejos tuyo, con tranquilidad, paso a paso, aunque con mucha ansiedad y curiosidad.